miércoles, 2 de febrero de 2011

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Constantemente veo como se amontonan situaciones en mis pies, delirios en mis ojos, psicósis enfermiza con sabor a chocolate, a pastel de chocolate; y un candor exquisito sangra en mis pensamientos enmudeciendo mis palabras; las sombras asechan tristes; mis mundos se han vuelto rutina por comodidad, dormir por despertar, silencio por respeto, delirio por cordura, ternura por caricia, lágrimas por piedras; árboles por cafés, magia por música, placer por películas; serán las mismas cosas de siempre, y seré el mismo de siempre, el mismo esclavo de las cosas, el mismo esclavo de las rutinas, el mismo prisionero de las situaciones amontonadas, el mismo, simplemente el mismo, aquel que se acostumbra con facilidad, que se ajusta al engranaje cotidiano, a una vida en la ciudad, así es éste ser, éste tipo, éste yo que siempre desconozco cuando lo veo en el espejo...

martes, 11 de enero de 2011

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La mirada del tacto, encuentra el sabor que los ojos escuchan... Dijo el crítico de la obra, ante la mirada confusa de quienes rodeaban a tan misterioso ser que se abrió paso en La Galería con todo la fineza que caracteriza a los aristocráticos mientras sostenía un puro en una mano y un bastón negro en la otra, sombrero de copa y zapatillas color negro con blanco, Chapulines; sin duda alguna despertaba increible curiosidad en sus nuevos fanáticos... La obra de arte es inútil, no me produce experiencia estética, o tal vez he tenido demasiadas (rié lentamente algo así como-ja...ja...ja...), ésta obra de caracter pictórico está llena de senderos abruptos que chocan entre sí con el concepto y la forma; no existe desprendimiento en la actitud estética, no puedo alejarme del yo... es decir de mí (ríe otra vez, con pausas más largas y tediosas y confusas), puedo indicar y conluir, amables oyentes, que las obras modernas o actuales, cada vez me producen malestares más fuertes ya que en el desorden que se presentan los colores solo puedo interpretar caos e incertidumbre en los ojos del pintor, no puedo más que sentir pena y lástima por quién dejó caer en estos lienzos toda su miseria como artista y refleja el más bajo estado de autoestima que haya visto; no tiene intenciones de hacer reir a nadie ni de hacer el más mínimo escándalo para iniciar un debate, ésta, queridos amigos, es una obra que murió al nacer...

Cuando todos los espectadores terminaron de escuchar las palabras de tan elocuente expositor volvieron a observar detenidamente la obra mientras el crítico caminaba.

... Pero si solo es un cuadro de Miqui Maus...

sábado, 4 de diciembre de 2010

Historieta Cotidiana

Juan Carlos, no imaginó lo que sucedería, o tal vez sí. Probablemente tenía anticipados los movimientos que lo dejaron en el suelo escupiendo sangre por la boca, pero la botella; esa no la esperaba.

Aquel jueves decidió, necesitado de unas cervezas, pasar una noche por aquel sector de la universidad; tenía serias inclinaciones de convertir en realidad un conecte que terminaría en una noche de sexo desenfrenado como aquellas que había soñado… cuando lograba recordar qué hacía tirado en el suelo recibiendo los golpes, pensó, cuando sentía dificultades para respirar, la recordó y todo fue en cámara lenta, el sueño, el pensamiento, la sensación incierta de estrujar aquel delicioso cuerpo débil que clamaría más y más antes de despertar de aquella silueta delgada que se contoneaba moviendo sus pechos con el fuerte vaivén de respiraciones entrecortadas, de jadeos inquietos, de caricias… sus manos, mientras estaba acostado en su cama, jugueteaban con su miembro erecto cuando disfrutaba de aquellas delicias imaginarias de su damisela sombra nocturna, sabía que un día la fortuna estaría de su lado y dejaría de soñar con apretar con mordidas inofensivas su pecho; las siluetas coqueteaban en su cuarto… la sangre no dejaba de salir y otro golpe se le incrustaba en el rostro, esta vez sitió algo mucho más fuerte penetrar en su piel cuando escuchó como los huesos de su cara comenzaban a destrozarse por la violencia de los impactos… y la llamada despertó su deseo. La rutina cotidiana y cautelosa le animó a adelantar su viernes de chupaderos e invertir en su inquietud; fue tan falsa y tan real la necesidad del siseo del otro lado de la bocina que retó al instinto que a momentos le advertía permanecer encerrado y masturbarse en su cuarto esperando que la caricias culminaran en un golpe viscoso y deprimente; apretó el teléfono como si se tratara de la mano de ella, Cecilia, Cecilia, Cecilia… es mi novia imbécil, te voy a matar infeliz, te voy a matar, te voy a matar y la sangre no dejaba de brotar a chorros, la botella se movía de arriba abajo hasta que escuchó cómo se quebraba y como los chayes penetraban en sus cara rebanándole las esperanzas de saborear el cuerpo de Cecilia, Cecilia, Cecilia… dónde podrían verse, dónde podrían encontrarse para no tener problemas con el novio, que sabía estaba enfermo de celos, Cecilia tenía un largo recuento de camas visitadas, pero no importaba, el deseo era mucho más fuerte que la razón y de la mano se llevó a la locura cuando comenzaron a bailar en aquel lugar público que se era su guarida privada, su rincón, su guarida, la de los dos, Juan Carlos, Cecilia, Juan Carlos, Cecilia, Juan Carlos, Cecilia, Cecilia, vámonos de aquí, afuera está el vehículo, me espera un cuartito que recién alquilé, decía en su cabeza hasta que una mano le arrebató la mentira de la cara a puñetazos y la pelea comenzó, pero no pudo defenderse Cecilia, encendió un cigarro, él la miraba fumar y el humo se escabullía entre la multitud y los golpes le cegaban la realidad; logró comprender… y la sangre seguía brotando, esta vez la sed de violenta del novio celoso había cesado, pero el líquido sabor a óxido, no… Ella ya no te quiere, quiere estar conmigo, siempre ha estado con cualquiera, tu novia es una puta, no sabes, y yo pagué hoy por tenerla idiota, sos una mierda, vos sos una mierda, dejáte de muladas, salí mierda, no salgo, salí o te saco a vergazos y la botella estaba en el suelo regada en vidrios manchados de sangre, los cuates que le hicieron el conecte huyeron en el carro que supuestamente los llevaría al motel, pero no era esa la intención tampoco, estaban esperando que se cayera de borracho para después uno de ellos aprovecharse de las delicadezas de la Cecilia que estaría hambrienta, pero la molestia acabó con los deseos de todos, de todos; unos seguían bailando, aquellos dos chupaban un helado mientras la sangre de Juan Carlos se mezclaba con los orines de la calle, unos reían, otros se lamentaban, aquellos se fueron, otros vinieron, el gordo novio celoso se fue a buscar a Cecilia que ya no estaba y se quedó de pie en la puerta esperando que su víctima lograra levantarse, la ambulancia llegó más rápido de lo previsto, los bomberos rieron, estaban acostumbrados a escuchar a Juan Carlos decir que había pasado pero hoy, jueves, incierto día fuera de rutina, le tocó a otro narrar lo sucedido; la ambulancia se fue, Juan Carlos no sabía qué día era, ya no sabía que pasaba, pensaba y repensaba que hacía tirado en la camilla del hospital… el auto volvió con tres hombres armados y sin discutir comenzaron a vengar a su amigo y el gordo novio celoso recibió diecisiete impactos y siendo el muerto número dieciocho de aquel día y Juan Carlos estuvo cerca de ser el primero del día siguiente si no es por la oportuna intervención médica que esa noche no encontró limitaciones de hambre o de no querer atender o de no querer trabajar para sanar a Juan Carlos que decidió hacer algo nuevo con su vida cuando por fin, luego de dos meses en el hospital, salió.

Juan Carlos, no imaginó lo que sucedería, o tal vez sí. Probablemente tenía anticipados los movimientos que lo dejaron en el suelo escupiendo sangre por la boca, pero la botella; esa no la esperaba.

Llegó a la casa de Cecilia, ella no lo reconoció; sintió mucho más placer del que imaginaría cuando sus manos por fin rodearon su cuerpo hasta que ella, por fin, dejó de respirar.

lunes, 20 de septiembre de 2010

...Narración de un desconocido..

Hace un mes que le maté... Tendré que hacerlo de nuevo, me dije.

Inexplicablemente se acercó a mi apartamento, tocó la puerta con mucha suavidad, incluso hasta creí se trataba de una ilusión ya que nadie conocía este lugar, excepto Celia. Creí que era ella. Al abrir, él entró, traía una bolsa que dijo era la cena, sin inmutarme, como si se tratara de un encuentro cotidiano o previamente planificado, le recibí, nos dimos un abrazo fraternal de viejos conocidos, y así era, pero eso no explicaba su visita. Por un momento dudé de su muerte.

Mientras me contaba que ahora trabajaba en un banco como subjefe de caja y que tenía a no sé cuántas personas a su cargo y que ganaba no sé cuánto dinero a la quincena y que por ello quería celebrar conmigo, ya que era el único conocido que le quedaba; no pude evitar pensar en la imagen de su rostro ensangrentado.

Le serví café del que recién había hecho y la sangre se escurría por la banqueta aquella noche luego de cortar su cabeza y tomaba café tranquilamente frente a mí y luego degustaba un trozo del pie de queso que trajo consigo y la lluvia lavaba el rastro de sangre mientras arrastraba el cuerpo hacia el automóvil y comenzó a reír cuando lo metía en el auto junto con su cabeza y se recordó de un chiste que hacía tiempo no escuchaba, yo también reí.

Tranquilamente me puse de pie y sin quitarle un ojo de encima fui en busca del arma, fui muy descarado con mis movimientos ya que la cargue frente a él, a modo de intimidarlo, pero el acto no causo ni el más leve movimiento en su postura. Me acerqué con violencia y le dije que no podía continuar viviendo, -legalmente estás muerto, Sergio-

-¿Quién es Sergio?-, dijo cuando accioné el arma y las balas se incrustaron en su pecho. Sus ojos continuaban tranquilos y eso me enfureció, nuevamente le disparé, ahora en la cabeza hasta que se descargó el arma.

No pueden encontrarlo, hace casi un mes que lo maté, ¿Cómo pudo ser posible que se apareciera de nuevo en mi apartamento? Afortunadamente fui precavido, y nadie en el lugar se percató de los disparos, nadie llamó a la puerta, me dio tiempo hasta de bañarme... Si, tuve que desmembrarlo para hacer más fácil su traslado, fue sencillo, utilicé un cuchillo de sierrita de esos que venden en oferta, algunos dijeron que no necesitaría solo ese cuchillo, que era necesario comprar todo el juego, pero que van a saber ellos. Indudablemente eso me atrasó un poco, pero me sentía confiado. Lo empaqué y me fui...

-¿Cuándo te diste cuenta?-

-¿De qué cosa?-

-Que ¿Desde la primera vez estaba muerto?-

-Creo que como a la cuarta o quinta vez que lo maté-

-¿No te pareció extraño que siempre se apareciera luego que lo mataras?-

-Sí, pero a veces a uno se le olvidan las cosas; creí que había soñado sus muertes, pero cuando lo vi la cuarta o quinta vez me acostumbré a verlo morir y siempre traté de hacerlo igual, mismos cortes, mismos disparos, pero nunca quedó como quería.-

-¿Cuándo te percataste de la ausencia de Celia?

-Ya no me acuerdo. Pero no fue mi culpa, yo no sabía que era ella, ya ves que uno pela cables a veces... Y ¿Seguís trabajando en el banco?-

jueves, 16 de septiembre de 2010

...Hágale un bien a Guatemala...

...Hágale un bien a Guatemala...

¿Sed de sangre? Es momento de saciarla. No deje para después esta oportunidad de vengarse, no desaproveche esta oportunidad. Sí, quién tiene la culpa de todos los males que aquejan al país en estos momentos estará a su disposición, por un precio moderado usted participará en: ¡Torture a un marero!

Por solo Q75.00 usted podrá degustar y disfrutar de un suculento marero postrado, indefenso en una silla... No, no se preocupe, contámos con un eficiente sistema de seguridad: lazos y cuerdas de plástico, los cuales garantizarán la protección de su integridad como persona-espectador-golpeador.

Los fondos recaudados serán utilizados para la reconstrucción, no olvide la solidaridad de su Gobierno.

Si es una de las primeras cien personas en comprar su boleto, donde prodrá disfrutar de dar al menos quince golpes, con los instrumentos que prefiera (costo adicional) o bien con sus puños y piernas a este marerito; podrá participar en el sorteo de un arma de fuego, calibre 9mm, la cuál contiene una bala y con ella podrá acabar el sufrimiento del individuo; suceso que tendrá ocasión al finalizar los cinco días que tendremos abierta la exposición donde usted... Sí, usted, podrá abatir a golpes a un indefenso marero, el culpable de todos los males de la sociedad.

Siéntase tranquilo y seguro desde ahora, sabiendo que uno de todos estos mareros sufrirá y llorará y clamará por su vida. Llénese de placer y adrenalina, y siéntase parte de una sociedad harta de estos seres que son los totales responsables de los males que aquejan al país: corrupción, crimen organizado, asesinatos, violaciones, fraude electoral, pérdida del poder adquisitivo, daños en puentes y carreteras; absolutamente culpables del calentamiento global y un largo, extenso y tedioso etcétera.

Y recuerde, si es uno de los primeros cien en comprar su entrada, podrá disfrutar en acabar la vida de este individuo. No sienta remordimiento, ni congoja, ellos no lo sentirán por usted...

Sea féliz, siéntase seguro... Mate a un marero y hágale un bien a Guatemala...

(Todos los números de los boletos entrarán en otro sorteo para dar el primer golpe a la segunda edición de la exposición donde cinco personas podrían ser las afortunadas ganadoras.)


jueves, 9 de septiembre de 2010

...Corina...

Corina... Así se llamaba, lo recuerdo muy bien, fue hace tanto tiempo; aquel dolor que tuve que olvidar, tantas imágenes en mi cerebro que tuve que borrar. A veces pienso sobre los pocos momentos que pasamos juntas; bueno, tal vez fueron muchos, pero ahora solo tengo en mi memoria ciertos fragmentos de esa existencia que en ese entonces gozaba; esa delicia de sus brazos, las caricias, los besos; su pelo meciéndose con el aire y su sonrisa, esa jamás la olvidaré... Fue hace tanto que ya no recuerdo su segundo nombre, pero siempre tuve esa noción extraña de llamar “Corina” a mi mamá, nunca pude decirle mamí, o mama o má, o simplemente mamá. Siempre fue como si algo me dijera que tenía que saber su nombre, principalmente su nombre. Fue hace como veinte años, tenía seis y a pesar de haber tenido tan pocos aún tengo el recuerdo a viva piel. Aún percibo en mí como se sentía la textura de ese líquido que solo había visto en tan pocas cantidades, aún huelo ese olor a óxido de la sangre, recuerdo las balas y su cuerpo cayendo; recuerdo el silencio y su cuerpo cayendo, recuerdo los gritos de mi hermano que estaba en sus brazos y su cuerpo cayendo; recuerdo la soledad del instante cuando tocó el suelo; recuerdo la mirada de la gente que se dirigía hacia su cuerpo muerto; recuerdo que intenté despertarla, pero algo me decía que eso que le había entrado en la cabeza no me dejaría; recuerdo el llanto de mi hermano y el abrazo que le di; recuerdo los bomberos y los policías y sobre todo, recuerdo la pregunta estúpida de aquel reportero “¿Como se llamaba tu mami?... Corina...

martes, 24 de agosto de 2010

De los Ángeles

La calle se encontraba triste y melancólica, repleta de gente, de personas asqueadas de vivir y sobrevivir en esta jungla de piedras, edificios, autos, motos, tierra, ojos, silencio, gritos, disparos, ambulancias, pordioseros, borrachos, orines, vómitos, sonrisas y desprecios.

Intenté caminar sin pensar, absorto del mundo, ajeno a la realidad hasta que unos pasos se detuvieron frente a mí y casi sin prestar atención a su amable ofrecimiento “¿Me compra un lapicero joven?”.

Lancé un rotundo y severo “no” y seguí avanzando hasta que no pude continuar, di media vuelta y la reconocí, era ella. Ahí estaba de pie, en medio de la calle ofreciendo lapiceros y poemas y perfumes, absorbiendo cada empujón, cada desprecio y sentí pena por mí, odio y pena.

No me sentí digno siquiera de verle los ojos, aunque no me reconociera después, creí prudente continuar mi camino hacia la nada, así como ella hacia su casa, donde vive y habla con sus palabras mientras su cenicero la vigila.