lunes, 3 de octubre de 2011
Hoy me dejé...
viernes, 30 de septiembre de 2011
Entre el fanatismo y la lucidez
lunes, 5 de septiembre de 2011
...Historia que no es mi Historia...
Aquella noche llovía igual que ahora y aquel joven comenzó a escribir como yo escribo ahora, tal vez sus pensamientos fueron más profundos de los que intento plasmar en este momento. No tengo intenciones de copiar sus frases o de pensar de igual manera. Solo intento escribir una historia como la que escribió sin intenciones de utilizar las mismas ideas o los mismos aforismos. Solo deseo escribir una historia sin intenciones de continuar con aquella que ya no acabó. Tampoco intentaré suplantarle, solo deseo escribir una historia sin robarme los pensamientos que lograron que aquella creación traspasara las fronteras del papel; aquella historia que se escurrió de las hojas que lograron soltarse del cuaderno cuando caminaba por aquel lugar por donde camino ahora, por donde ronda mi pensamiento tratando de retratar en la memoria el lugar donde las hojas caminaron y encontraron unas escaleras hacia abajo hacia la salida por donde ahora salgo dibujando el sendero del papel que se contuvo por un instante en aquella historia cuando se detuvo aquel joven para rascarse la barbilla pues un zancudo intentó chupar un poco de su sangre y se distrajo y mientras la hoja esperaba por la continuidad de la historia, el joven se dedicó a buscar al zancudo pues era un hipocondríaco como lo soy ahora pues el mismo zancudo ronda por el cuarto en donde aquel joven escribía la historia de una hoja que ahora queda pausada esperando la continuidad del pensamiento. El joven logró acribillar tres zancudos como los cuatro que yo maté ahora y se sumergió de nuevo en la historia donde la hoja deambula ahora calle abajo por donde camino ahora buscando un abrazo silencioso en la ternura de la oscuridad, un el abrazo frío de los árboles, un beso tibio de la Luna; pero no logró llegar tan alto solo logró frotar la densa penumbra con su blancura repleta de pensamientos insulsos como los que escribo ahora tratando de recordar como aquel joven escribió una historia, aquella que trato de retratar letra por letra sin olvidar de que se trataba. De nuevo siente comezón, esta vez son los pies y le pican como me pican a mí ahora, a él se le subieron cientos de hormigas que terminaban por devorar un pan que olvidó noches atrás y que buscaron carne y se encontraron con sus pies maltrechos así como me devoran ahora, solo que estas hormigas son más grandes y pensantes; las del joven eran pequeñas y tontas; solo por eso distingo que se trata de una historia que no es mi historia, por esas pequeñas diferencias que obligan a la hoja detenerse en el limbo de las letras inacabadas mientras el escrito se detiene porque las hormigas deambulan por entre su piel buscando carne. Conmigo descubren un camino y aquel joven descubrieron miles de senderos por donde lograron introducirse obteniendo con sutil y dolorosa victoria que olvidara donde había dejado la hoja, esa hoja que sostengo ahora en ese lugar donde el joven intentó terminar, en ese sendero calles abajo del pensamiento donde me encuentro, aquí donde las hormigas también devoran mi cuerpo.
martes, 9 de agosto de 2011
Continúan los pensamientos
viernes, 22 de julio de 2011
Más pensamientos al azar
jueves, 26 de mayo de 2011
No te da vergüenza...
miércoles, 27 de abril de 2011
...Subconsciente... (Sexta Parte)
Los titulares en los noticieros no paraban de darle seguimiento por helicóptero, móviles terrestres y especialistas en los estudios, a todo el trayecto de la máquina de escribir de la verdad hacia los tribunales correspondientes. Estaban a la espera de que sucediera cualquier tragedia, sin embargo y para su amarillista fortuna no pasó nada, solo un trayecto acordonado por personas y máquinas de escribir.
Fue declarada culpable de los crímenes de asesinato en primer grado de dos personas de sexo masculino, de alterar el orden público y de ser declarada por varios especialistas como transportadora de demonios y portadora del mal, receptáculo de Satanás y de andar predicando la verdad sin autorización de las autoridades competentes y lucrar con ella; fue condenada a muerte; ya que no se trataba de un ser viviente común, se resolvió que debía, primero, en un acto público en la plaza central frente a la Catedral realizarse un exorcismo a tan maléfico aparato para liberarla de los demonios que le acompañan y luego transmitir por los canales de televisión y por internet vía Skype, el acto solemne de destrucción por un verdugo que cargaría sobre sus hombros un mazo.
Ante la mirada atónita de medio país que estaba consternado por tan atroz sentencia, fundaron la Sociedad Protectora de las Máquinas de Escribir (Sopromaquies) al inicio del movimiento muchas fueron las personas que se burlaron del intento de proteger miles de máquinas de escribir residentes del país ya que nunca antes había sido consideradas como seres pensantes; luego de unos meses antes de la destrucción programada de la Máquina de la verdad, se veía por las calles de la ciudad a las personas portar su máquina de escribir, esperaban que se les tratara con respeto como a cualquier otra persona; las personas pagan su entrada a museos y pedían que las máquinas eligieran su jornada de trabajo y que éstas vivieran siempre de la mano con la persona que las ocupaba ya que un especialista de conexiones extrasensoriales y medio psíquico aseguró que se creaba una conexión estrecha entre la persona que posaba los dedos en las teclas de la máquina y la máquina; comenzó a exagerarse el término de máquinas unidas en resistencia, buscando la liberación de su máxima líder la que se encontraba tras las rejas esperando ser sacrificada por decir la verdad, se convertiría en la nueva mártir de la verdad y la supuesta injusticia seguía generando mala publicidad para el gobierno y atrayendo mala fortuna para las elecciones de ese año; los otros partidos políticos, siempre opositores, apoyaron a mucha población en cuanto a la creencia de que la máquina era inocente de los delitos que se le imputaban pero ya era demasiado tarde, la sentencia estaba dictada y solo restaba esperar a que se diera el acto que cada día que pasaba se acercaba más.
En el rincón de una celda, permanecía a la vista de todos los demás prisioneros la máquina de escribir que generaba un gran respeto y mucha devoción a la máquina que comenzó a ser considerada como santa, a pesar de que muy pocas personas en la cárcel se atrevieron a usarla para saber la naturaleza de sus actos y sus crímenes.
Varios criminales lloraron el día que la máquina fue trasladada hacia la plaza central ya que aseguraron que gracias a la milagrosa verdad de la máquina descubrieron que no eran tan malos como creían y que en realidad lo que tenían era miedo a la aceptación y que de ahora en adelante buscarían hacer el bien y esparcir la leyenda de la máquina de escribir que les cambió la vida, una máquina enviada por el cielo y por los espíritus, misma que sería sacrificada por la verdad. El Gobierno debía saber su error.
Conforme la caravana de la máquina se acercaba a la plaza, simpatizantes maquineros lanzaron vituperios contra la gestión del mandatario de turno quién no se hacía responsable por la destrucción de la máquina, aseguró poco antes del solemne acto, ser un fiel devoto de la máquina y que estando prisionera le visitó para serle revelado el destino de los actos del presidente y descubrió la santidad de la máquina, misma que se había negado a creer desde el principio, pero ahora creía y se sentía culpable del inminente destino que le aguardaba en la plaza donde ya se encontraban miles y miles de personas portando una veladora cada uno con el símbolo de una máquina de escribir como etiqueta.
Se había construido un escenario especial frente a la Catedral metropolitana con una iluminación que ante cualquier cosa expresaba presencia, fuerza y poder. La misa duró cerca de tres horas, la máquina ya se hallaba en el centro y por fin el acto esperado, varios sacerdotes y el Arzobispo se movieron hacia el centro portando crucifijos en las manos; de fondo la orquesta nacional había sido invitada para acentuar la importancia del evento; el arzobispo comienza a leer el libro del exorcista y pronuncia palabras en latín, los otros sacerdotes sostenían la cruz y la movían de un lado a otro en una especie de coreografía bien planificada donde repetían oraciones en latín siempre al ritmo de la orquesta, fue una escena bien preparada que duró cerca de media hora. Cuando por fin la oración culminó las luces de la catedral se apagaron y se encendieron segundos después, acto seguido un clamor fue lanzado por las miles de almas que sintieron cuando la verdad había abandonado a la máquina de escribir. Luego el griterío y la desesperación, del fondo del escenario se irguió un hombre vestido de túnica negra quien portaba un mazo muy pesado el cual arrastraba.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, gritaba el sacerdote, siete, ocho, nueve, diez; las piezas volaba por los aires, once, doce, trece, catorce, la gente gritaba y cerraban sus ojos, la personas en sus hogares apagaban la televisión ante tan atroz descaro de la supuesta justicia; quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve; gritaba el arzobispo llenó de ira mientras continuaba exclamando oraciones en latín que solo él entendía, veinte; la imagen de una máquina de escribir se había extinguido, frente a la multitud solo quedaban restos de teclas que algunos devotos alcanzaron a tomar y penaban en guardarlo como un recuerdo de aquella santa máquina sacrificada por decir la verdad. El verdugo se retiró; se recogieron los trozos y se depositaron en una urna de metal que fue depositada en el interior de la iglesia, donde sería fundida en el fuego en una siguiente misa.